Son diversas las causas por las que una persona puede consumir alguna “droga” en algunas ocasiones se ocultan heridas emocionales, como conflictos en la niñez, duelo de algún familiar, problemas en la relación de pareja, dificultades económicas y algunas otras problemáticas.
Ante estas situaciones se puede observar que hay emociones revueltas, ansiedad y frustración. Por lo que se es vulnerable a “tapar” todos estos vacíos con el consumo de alguna sustancia psicoactiva.
Tomemos el caso de un ejecutivo, con mucho estrés, toma alcohol para relajarse lo toma como un ansiolítico cotidiano para poder conciliar el sueño. Este consumo le ayuda a evadir el origen de su estrés, o sea, las presiones de su trabajo, que además lo demandan como un empresario competitivo, en donde el alcohol se presta como alcahuete de comidas y reuniones, con la aparente forma de relaciones públicas, en esas relaciones comienza a conocer la cocaína por ofrecimiento de un amigo, como un energético del poder.
En el caso del ama de casa, que busca energía para lograr una calidad de desempeño en su vida a través de estimulantes, lo más seguro es que oculta una fuerte depresión, por no complacer a un marido exigente, obsesivo y distante afectivamente. El trabajo de esta mujer no se nota en el hogar, ha sido siempre invisible, la belleza de su delgadez es por un recurso artificial para no ser abandonada, de lo cual está amenazada implícitamente. Su razón de ser son sus hijos, los cuales cuando crezcan la dejarán con un marido voraz. Mientras tanto, su dependencia física a los barbitúricos, la están llevando a estados notorios de confusión mental y atención dispersa.
Como se puede observar en cada uno de estos casos, hay un vacío existencial, que en muchas ocasiones la persona que consume no lo hace consiente, por lo tanto como lo señala el especialista en adicciones, Mario Bejos Lucero, es de vital importancia, que el terapeuta sepa distinguir, si el consumo se debe a una forma en que el paciente descubrió el uso para soportar lo cotidiano, o si dicho consumo dejó de ser hedonista para pasar a ocultar un dolor existencial, físico o psicológico que no pudo resolver en su momento, lo que provocó un enquistamiento y que dio como resultado, un consumo que va más allá de sus deseos y voluntad.
Psic. Jehú Rosales Gómez
Terapeuta de Clínica SER
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