RECUPERACIÓN, ACEPTACIÓN DE LA ENFERMEDAD

En la vida adictiva, una de las características fundamentales ha sido el descontrol emocional, siendo este el centro de muchos males, es por ello que el programa de A.A. en el proceso de recuperación es necesario que poco a poco se conozca la amenaza que detona el consumo y la compulsión por la adicción.

En el internamiento de clínica ser, se aprende acerca de si mismo, como una forma de atacar el problema.  El alcohol, es un agente químico externo, que actúa sobre el cerebro y desequilibra su normal funcionamiento, como consecuencia, la vida emocional se vuelve caótica para las personas que lo ingieren.

Se incrementan o se hacen más notorios los defectos de carácter que se mencionan en A.A. la forma de relacionarse en todas las áreas se vuelve inadaptada, el desorden, la falta de seguridad y el valor para vivir, se convierten en el pan de todos los días. Emocionalmente se es lábil lo que produce inestabilidad profunda e inmadurez emocional que no permite desarrollar habilidades sociales y de afrontamiento ante las dificultades.     

Esta inconciencia constante es una fuga de su propia realidad, sin embargo, a medida que la incapacidad orgánica se va desarrollando, los conflictos también crecen, hasta que totalmente el refugio es la botella.

En este sentido las emociones, la forma de percibir su propia vida, los pensamientos y por ende la conducta, desencadenan tragedias de destrucción total del enfermo alcohólico ya que las consecuencias no son solo físicas, si no también sociales, emocionales y cognitivas.

El programa de A.A. a través de su literatura, sugiere como afrontar estos problemas inherentes a la personalidad del alcohólico. Dichas síntesis son: 

Admisión del alcoholismo. Reconocer hasta lo más profundo que se es un enfermo alcohólico y que el más leve contacto con el alcohol es suficiente para que sufran cambios físicos y mentales que trastornan la personalidad. Si practicamos este primer punto, hay humildad.  

Análisis de la personalidad y catarsis.  Hacer un inventario completo de su propia vida y reconocer sus faltas ante Dios y ante otro ser humano, con el fin primordial de limpiar todas las manchas que entenebrecen al alma. Aquí hay honradez.

Dependencia de un Poder Superior. Reconocer que fue impotente para resolver sus problemas y que necesita de ayuda externa. Al principio esta ayuda viene del grupo de A.A. pero finalmente se llega a la conclusión de que es un poder superior el que rige la conciencia de los grupos. Aceptando este punto estamos usando el buen juicio.

Reajuste de relaciones interpersonales. Se lleva a cabo un “aterrizaje” a la realidad, y cada quien va arreglando su parcela como mejor le parezca, reanudando sus relaciones con sus vecinos y mejorándolas, hasta lograr el mejor entendimiento que se había perdido. Aquí desaparece la neurosis.  

Trabajar con otros alcohólicos. Esta es una sencilla forma de “pagar” la sobriedad adquirida, dándole la oportunidad a otro alcohólico de conocer el camino viable a la recuperación. Esta dádiva, la sobriedad, no nos reportó gasto alguno y en esta misma forma debemos proceder nosotros. Aquí hay amor espiritual y se practican otras virtudes como la tolerancia y la humildad que son básicas para el crecimiento espiritual de la persona enferma. Decimos que el programa de A.A. es de amor ¿Por qué?  Porque utilizamos inteligentemente los recursos del gigante rosa del amor para vencer al gigante negro del miedo y al gigante rojo de la ira, estabilizando así la vida emocional.

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 SIC. BLANCA CECILIA ADÁN PERALTA

MTRA. EN PSICOTERAPIA Y DIAGNÓSTICO CLINICO

CÉDULA PROFESIONAL 10769035

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