EN LOS MOMENTOS DE CRISIS… CRECES

A lo largo de la vida nos encontramos envueltos en situaciones que nos cuesta comprender. Atravesamos momentos que nos exigen dar, ceder, desprender, arrancar; momentos que nos hacen llorar, gritar, reñir y que nos sumergen en la desesperanza, demandándonos esfuerzos de los que por lo regular no nos percatamos.

Según el DRAE (2017) la crisis es un “cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación”. Todos pasamos por diferentes crisis y muchas veces no nos percatamos de ellas o las tomamos como algo difícil pero inevitable. Pero hay ocasiones en las que sentimos que las crisis nos sobrepasan, en las que sentimos que no estamos preparados para sobrevivir a ellas porque fueron inesperadas. Un ejemplo claro de ello es cuando llegan a la CLÍNICA SER devastados, sin ilusiones y no encontrando salida a la situación que los rodea..

Ante una crisis emocional originada por cualquier motivo, se presenta un desequilibrio, en donde el factor desencadenante es mayor a los recursos personales que poseemos para afrontar la situación. Conangla (2002) hace una analogía de una fuerte crisis emocional con un paisaje desértico, en donde solo vemos arena y sentimos el fuerte sol calando la piel. Cuando atravesamos una crisis y estamos faltos de recursos nos encontramos ante un desierto, sin agua, sin sombra, sin descanso.

Pero imaginemos que en este desierto tomamos el papel de un cactus, ¿cómo resisten el fuerte sol? ¿Cómo resisten la soledad? Bravo (1978) señala lo sorprendente de estas plantas, ya que nos sorprenden porque gracias a su fisiología han logrado la adaptación a la sequía. Sus raíces son la base de su supervivencia, éstas se extienden a lo largo del suelo árido para absorber la poca agua que se infiltra por las grietas en el suelo .

Dentro de todo este proceso de internamiento en clínica ser, Es preciso preguntarse ¿cuáles son mis raíces que me han mantenido hasta este momento?, y darse cuenta que nuestras raíces son todas aquellas personas y hechos que nos enseñaron valores, tal vez padres, hermanos o amigos que nos tendieron la mano en algún momento, y también los malos momentos que nos dejaron aprendizajes conforman esa raíz que nos da firmeza.

Aun cuando en el desierto nuestra escala de valores se puede remover, se erige la importancia del amor en nuestras relaciones interpersonales (Conangla, 2002). Las cuales son nuestras raíces. Un cactus que se encuentra en el desierto podría parecer que está lleno de amargura y soledad, y que eso le ha llevado a tener espinas por todos lados.

Habiendo referencia al cactus- podemos desarrollar defensas que nos hacen sobrevivir al desierto de la crisis, que sí a veces pueden lastimar a otras personas, pero otras veces solo anuncian que deseamos ser tratados con cuidado y consciencia.

“Solo el contacto y una comunicación de calidad con otro ser humano nos permitirá ver la otra cara del desierto: silencio, la belleza, la serenidad y la posibilidad de hallar un oasis en medio de tanta aridez.”

Es conveniente mirar a nuestro alrededor y observar nuestros recursos, pero también mirar internamente y reconocer lo que nos ha permitido sobrellevar situaciones, reconocer nuestra fortaleza y nuestra debilidad, nuestra compasión y perdón, pero también nuestra racionalidad con la que afrontamos problemas y las decisiones que tomamos. En el desierto por lo regular no hay un solo cactus aislado, hay más alrededor que probablemente estén lidiando con el desierto, pero que están ahí para acompañarse mutuamente.

PSIC. BLANCA CECILIA ADÁN PERALTA

MTRA. EN PSICOTERAPIA

CÉDULA PROFESIONAL 10769035

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